domingo, 27 de enero de 2013

Máximo Ballester: "Soy el poema que nunca pude escribir." *





Se trata de un autor que es  dueño de un estilo sorprendente. Sus obras son una receta mágica que combina la cantidad  justa de agudeza, de poesía, de humor y de ironía. 
El resultado: transmite una mirada inteligente de las cosas de la manera más inusitada.
Máximo Ballester nació en San Fernando, Buenos Aires, Argentina, en 1964. Su libro más reciente es Poemas de autoayuda y aforismos para morir mejor (Ediciones El mono armado, 2011). Sus otras obras publicadas son: Disfraz al agua (Ediciones Ocruxaves, 1998), Musas Extraviadas (Editorial Dunken, 2008), En la orilla (Ediciones El Mono Armado, 2009).







¿Cuándo te diste cuenta de que lo tuyo era escribir?
Escribir es una faceta muy importante de mí, pero no lo es todo (aunque en el momento de escribir un poema concentrado y aislado es lo único que me importa), así que digamos que “lo mío” es una totalidad, se trata de las cosas que soy, como cualquier otra persona, cosas acaso menos interesantes pero que tienen su lugar y su importancia. Escribir es una necesidad para mí, un canal vital de expresión. Y me di cuenta de que era así cuando sentí, hace muchos años, que en ese acto solitario, callado y enteramente individual, me jugaba todo. Es decir que escribir un poema se volvió para mí una labor de compromiso, una excavación profunda en mí mismo y un ir hasta los huesos en cada cosa, en cada tema. Me di cuenta de lo importante que era para mí porque sentía tristeza al no lograr un buen poema y una plena felicidad cuando escribía y sentía que estaba por dar con algo bueno. Entendí que tenía una mirada propia de la realidad, de los hechos, de los seres y las cosas. No sé si es una mirada muy distinta, pero sí una que me permite creer que tengo algo para contar, y que hace que me preocupe por cómo hacerlo. De modo que tengo un gran interés por las formas, por la sensualidad de las formas, y por la voz y el tono que empleo al momento de escribir. Lo digo siempre: creo que a un poeta lo define la mirada. Teniendo esa mirada, digamos particular, puede escribir o no pero ya es un poeta. Lo es en otros lenguajes, en los actos, en sus impresiones del mundo, y en las características y elementos de su propio mundo interior.

 ¿Cómo influyó el lugar donde viviste en tus obras?
La verdad es que no lo sé del todo. Siempre influye el lugar y su gente. Los ambientes y lo que sucede en ellos, lo que conforma una realidad cotidiana. Pero no sé decir qué grado de influencia. Viví en varios lugares y sé que esos lugares: la casa, el paisaje las calles y su gente, etc., están de alguna manera en lo que escribo. Suelo fijar mi mirada en los objetos (de esa curiosidad doy buena cuenta en Musas Extraviadas y en los aforismos de mi último libro), y a veces da lo mismo si ese objeto –que puede ser un cuadro, una clepsidra, un candelabro o un sifón– habiten en Tigre, San Isidro o Chacarita. Otras veces, no, claro, y tendrá que ver seguramente con las personas que rodean a ese supuesto objeto, su historia, su territorio dentro o fuera de una casa, la luz y temperatura del lugar, su función asignada en ese determinado lugar, y dependerá también de lo que uno quiera contar. Hoy día, volviendo al tema del lugar como influencia, le doy mucha importancia a esos otros lugares que, por razones de trabajo, transito. Esto me permite tomar contacto con lo que pasa en otras partes, observar otras cosas, y esto es valioso a la hora de sentarme a escribir. Finalmente, el lugar es uno mismo, es ese ocasional lugar pero pasado por uno, por la mirada, la percepción de cada quien y su relación con todo lo que lo rodea. Pero por supuesto que tiene su grado de importancia. El lugar donde se pertenece condiciona, limita, pero también es una fuente inagotable de aspectos y recursos, es identidad, color e historia.

 ¿Pensás que un escritor no debe buscar al tema sino que el tema debe buscar al escritor?
Pienso que se dan las dos opciones, sin preponderancia de la una sobre la otra. Yo prefiero hablar de “encontrar”, que creo al fin y al cabo es lo que se da en un poeta. Hay que estar atentos, receptivos a lo que se nos pueda manifestar y tratar de hacer algo interesante con eso. Descubrir qué tenemos para decir, qué sensaciones nos provoca determinada cosa. Suele pasar que en la búsqueda se encuentran otras vertientes, otros subtemas, que a menudo terminan por ser más atractivos que lo que buscábamos en un principio. Claro que si uno se consagra a una carrera loca por cierta obsesión y se desvive por sacarle punta a ese objetivo que lo seduce y no ve más allá ni a los costados, es posible que no encuentre otra cosa y se pierda aspectos importantes, u otros elementos para escribir poesía. Acá entonces aparece el tema del viaje. El viaje es el viaje en sí mismo. Viajar es lo que nos depara el viaje con cada una de sus alternancias y características, y no sólo el lugar de destino. Es decir: el mientras tanto. En ese viaje es donde al poeta se le aparecen distintas posibilidades y formas, distintos colores y texturas, se destapan piedras, se vislumbran otros rincones, y es entonces donde debe estar atento, aprovechar las pequeñas cosas que hacen a la poesía, lo lateral, lo subterráneo, y todo aquello que en apariencia es nimio o desechable. Luego los temas en poesía, y en el arte en general, son siempre los mismos. Lo que cuenta, se sabe, es el modo de tratarlos.

 ¿Qué opinás sobre estas frases: “Cuando necesito leer un libro lo escribo” – Benjamín Disraeli “ “Uno no llega a ser quien es por lo que escribe, sino por lo que lee” - Jorge Luis Borges. “El mundo podría existir muy bien sin la literatura, e incluso mejor sin el hombre” – Jean –Paul Sartre.
Supongo que la frase de Disraeli tiene que ver con aquello de que uno trata de escribir lo que le gusta leer. Aunque, claro, la literatura es algo más complejo que eso. De todos modos, creo que la frase es antes una humorada que un desprecio a los demás autores y a todos los otros libros de los que no es autor Disraeli. Cuando alguien necesita leer un libro todo lo que deberá hacer es procurar que sea bueno. Algo, alguna cosa le dejará ese libro. Para su vida o para lo que fuera, y, si es escritor, tal vez para sus propios libros.
En cuanto a la frase de Borges, creo que se trata de una verdad a medias. Esto quiere decir que de algún modo lo dicho por él no es verdad, salvo que haya querido referirse exclusivamente a ser un escritor cabal. Pero en cuanto a ser, bueno, creo que a uno lo conforma todo lo vivido, la educación que nos hayan dado, el ambiente y las personas con las cuales se ha relacionado, los hechos propios y ajenos, todo lo experimentado, sentido, visto y pensado; lo que llamamos experiencia. Pensemos en un analfabeto, por ejemplo. Ese analfabeto Es, es alguien, es una persona a pesar de no haber leído jamás un solo libro.
La frase de Sartre es certera. Coincido. Pero se trata del mundo-planeta, no del mundo que conformamos todos los que habitamos en él. El planeta Tierra como concepto no sería el mismo sin la humanidad. Pero podría ser –existir–, en tanto planeta, perfectamente sin la vida del hombre. Marte, Mercurio y Venus, por ejemplo, no necesitan de nosotros, y tampoco de nuestra literatura.

¿Con qué autor de otra época o de otro país te hubiese gustado conversar y sobre qué?
Con muchos. La lista sería larguísima, pero sin dudas me hubiera encantado conversar –o tan sólo oír y ver– con Salinger, Dostoievski, Lorca, Borges, Schopenhauer, Whitman, Cortázar, Kafka, Artl, Pessoa, Carver, Bukowski, Cioran, César Vallejo, Horacio Quiroga, Chejov, Lispector, Hemingway, Emily Dickinson, Girondo, Bolaño, Huidobro, Prévert y varios más. Hubiera conversado de cualquier cosa, del sexo de los ángeles, de las hormigas soldado, de la importancia de usar casco, del secreto de la pizza a la piedra, de tragos y de todas las cosas del arte y de la vida. Disfrutaría cada minuto y cada tema, y todo adquiriría para mí una importancia suprema.

 ¿Sobre qué cosas escribís con humor y sobre qué cosas nunca podrías escribir empleando el humor?
Es verdad que hay límites, o al menos los hay desde nuestra perspectiva, y ciertas cuestiones tratadas con humor no ganan, sino más bien todo lo contrario. Hay tragedias o aspectos y situaciones de esas tragedias con las que sí es factible hacer humor, pero con otras, que suelen ser más cercanas, dolientes y determinantes, no. Claro que hay un humor negro de uso habitual donde todo parece estar permitido, que es el oral, el que aparece en forma de chiste o frase y que suele ser cruel, pero en literatura no siempre se sostiene ese mismo humor, o no da el mismo resultado o el tema necesita de otro tratamiento, otro registro. La ironía, el absurdo, lo sarcástico, lo desopilante, la parodia, todo lo que conforma el humor en literatura no son cosas fáciles de lograr. O al menos para mí no lo es. Aunque el humor siempre se me haya dado de manera natural, trasladarlo a la escritura, plasmarlo de modo que eso tenga un sentido, algo que lo justifique, no es tan fácil. Se corre el riesgo de escribir una tontería o algo de mal gusto.

* "De todo lo que deseé me queda haber amado. Soy una pelota. Y mi alma un hombre encorvado que mira de cerca un camino de hormigas. Soy una pelota que rueda. Y al rodar se me caen dos o tres palabras que guardo para hacer un poema. Pero sobre todo soy el poema que nunca pude escribir." (Notas para un poema IV, 2008, del blog Musas Extraviadas)